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domingo, 20 de noviembre de 2016

¡MÁS PERIODISMO! O ¡MÁS IMPOSTORES DEL PERIODISMO!




George Orwell





Que ser cobarde no valga la pena, Iñaki López



Iñaki López y Eduardo Inda
Impostores del periodismo

Por
04/12/2016

Sinceramente, a diferencia de lo que pienso de la mayor parte de los periodistas de los que se nutren los circos televisivos que hoy llamamos noticiarios o tertulias políticas, incluyendo a los que representan el papel de progresistas o izquierdistas, no creo que Iñaki López sea una mala persona. Lo que sí creo es que es un mayúsculo cobarde, y como consecuencia un chaval muy obediente, muy disciplinado. Aunque si me paro a valorarlo, no sé qué es peor ni a quién prefiero, si a un canalla congénito o a un pelele. Puede que incluso me dé más grima el pelele, el monigote. Y el caso es que a este muchacho lo he visto emocionarse con relatos de esos que hacen estremecer a las personas con sentimientos, y he visto cómo le brillaban los ojos escuchando a invitados de esos que merecen respeto y atención. Lo que no deja de ser un agravante, porque esa reacción indica que tienes capacidad para apreciar la diferencia entre lo que está bien y lo que está mal. Y lo de ayer; el bochornoso espectáculo que protagonizó ayer el sensible Iñaki López, no es que esté mal, es que fue nauseabundo.
Quizá lo que más asco me dio no fue que se le notara tanto el estar cumpliendo con la consigna del día; con lo de no permitir que se hablara del repugnante asunto de Inda, sino que fuera tan torpe y tan evidente para intentar justificarse. Primero con aquello de que ya existen otro programas para ventilar la vida privada de los personajes públicos, como si en ese caso se estuviera tratando con quién se acuesta o deja de acostarse Inda, cómo es su casa, cuánto dinero tiene su familia, quién es su sastre, o si ha discutido o se ha reconciliado con su pareja, que sí sería propio de los programas del famoseo a los que aludía Iñaki sin nombrarlos. Y segundo, que se permita asegurar que, en las infinitas ocasiones anteriores en las que se ha profundizado en La Sexta Noche en la vida privada de sus invitados o colaboradores, él no lo ha permitido. Manda narices.
Para empezar, Inda ha sido precisamente el que ha convertido, con la complicidad del moderador, este programa en un ‘salsa rosa’ cualquiera, hablando del casoplón de la familia de Carolina Bescansa o de su posición social, o de la familia de las hermanas Serra, o de sus aficiones. También de la de Ramón Espinar, o incluso, entre mil ejemplos más, de la condición aristocrática de la familia de una compañera de profesión (para que no se diga que solo lo ha hecho con políticos, o con sus familias).
Y precisamente por esto se hace más insultante si cabe el repentino autoritarismo de un moderador habitualmente pusilánime, cuando en esta ocasión la situación invitaba justamente a lo contrario aunque solo fuera porque Eduardo Inda probara un poco de la misma medicina que ha estado repartiendo inmisericordemente durante varios años. Máxime cuando además sí estaba motivado el ser algo más permisivo, evidente como era que no solo suponía un asunto de interés general (trending topic durante todo el día en RRSS), sino que además tenía relación directa con el machismo, que era justamente el tema que se estaba tratando. Y eso por no hablar de lo mucho que merecía semejante descrédito el hasta ayer azote de los inmorales (y qué mayor inmoralidad que, pudiendo, no pasar la pensión de manutención a tus propios hijos).
“Gracias Eduardo por tu paciencia”. No tienes vergüenza, Iñaki López.
No creo que valga la pena extenderse más sobre el particular, pero sí añadir algo no directamente relacionado con el affaire de anoche. Sé que se mueve por las redes una corriente de opinión, bienintencionada pero bastante infantil, que apela al boicot a este tipo de programas, a apagar la tele. Y está muy bien apagarla, no verla, pero parece que hay quien no valora que el que es capaz de cumplir con ese tipo de propósitos es precisamente el espectador no manipulable, el que daría exactamente igual que viera este u otros programas. Ese tipo de propuestas no pasan de pataleta inútil, porque tampoco afectan a los ingresos por publicidad de una cada día más subvencionada televisión privada. Lo que tenemos que hacer si queremos que un servicio público tan condicionante culturalmente como la televisión no nos perjudique, es exigir calidad, pluralidad, acceso a la participación pública, y rigor y seriedad cuando no se trate de espacios de opinión. Y por supuesto, una ley de medios que obligue a cumplir con estos principios, o que los sancione con la mayor dureza posible si alguien los incumple. Y denunciar. No dejar nunca de denunciar públicamente cuánto nos molesta que todo sea interesada basura en los grandes medios de comunicación.



Iñaki López, marioneta de LA SEXTA

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IMPOSTORES DEL PERIODISMO



El Ángel Caído

Por Pedro Taracena Gil

Cuando un país como España vive sumido en la mentira, apuntalada por embustes todos los días de todos los años, el pueblo también está inmerso en la creencia de las mentiras que le cuentan los voceros, esbirros, secuaces y lacayos del poder. Toda voz discrepante de la partitura oficial será tachada de populismo y demagogia o simplemente suprimida del pentagrama.
El primer gran embuste donde se sustenta el Estado de la Transición, es la mentira de la reconciliación después de un enfrentamiento fratricida, donde hubo vencedores y vendidos. 
El segundo gran embuste lo mantiene el Gobierno de España cuando engaña al pueblo sobre el final de la crisis. Negando la corrupción generalizada de los políticos e instituciones y promulgando reformas que constituyen auténticos crímenes legales.
El tercero de los grandes embustes lo cometen en cada instante todos los medios de comunicación: prensa, radio y televisión. Los seudoperiodistas y los vendidos tertulianos defienden variaciones sobre la misma versión oficial de la inequívoca política, única impuesta por los usureros mercaderes de la Unión Europea. 
El periodismo se ha convertido en la verdadera correa de transmisión de los embustes que nutren la vida en la mentira de “mi querida España, esta España mía, esta España nuestra…”

Se convierten en defensores absolutos de la España Oficial decretada por la Transición hasta nuestros días. Con ausencia total de cualquier atisbo de crítica, auto crítica; fomentando el corporativismo más compacto. Las nuevas formaciones políticas disidentes de la tradición del bipartidismo, son tachadas por estos mismos secuaces, de populistas, demagogos, radiales, castristas y bolivarianos. Los platós de televisión sobre todo, se convierten en un auténtico espectáculo. El periodismo no critica al poder y tampoco pretende constituirse en el cuarto de los poderes. No, son auténticos militantes políticos bien pagados que defienden a ciegas las políticas bien aceptadas por los empresarios, los bancos, los obispos y los caciques aunque sean corruptos. Un botón sirve de muestra, Antena 3, es un canal que muestra las portadas de los periódicos por orden de identificación ideológica, es decir alterando el orden de tirada. LA RAZÓN, ABC, EL MUNDO, EL PAÍS… Evidentemente los tertulianos y seudoperiodistas tienen el guión a seguir, que el telespectador conoce muy bien ya que es el mismo que leyeron el día anterior. En el polo opuesto está La Sexta, que aunque aparentemente se aleja de los voceros oficiales, mantienen unos seudoperiodistas y tertulianos que no seré yo quien mencione sus nombres porque son conocidos y detestados por muchos, aunque la dirección de la cadena los mantenga en esta lamentable puesta en escena. Las cadenas públicas son en sí mismas un esperpento nacional. Son servidores de la mentira y atacan a Podemos con la misma virulencia que el Gobierno; confirmando las sospechas de que son impostores del periodismo.
En España las Redes Sociales se han constituido e instalado como los medios de comunicación más libres e independientes.

LOS SEUDOPERIODISTAS Y VENDIDOS TERTULIANOS



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