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domingo, 16 de abril de 2017

ESPAÑA, UN PAIS DESENCAJADO




Por Pedro Taracena Gil

El consenso de la Transición en torno a los valores de Dios, Patria y Rey, se enfrenta de pleno con el rechazo de los hijos y nietos, de los que padecimos la dictadura hasta la muerte del Caudillo de España. La Constitución de 1978 fue tutelada por los vencedores. Es decir, por la Oligarquía económica y los Caciques. El Ejército y la Iglesia. Las generaciones del siglo XXI piensan más en Democracia, Justicia, Igualdad, Tolerancia, Laicismo y Fraternidad. Los Problemas planteados en la sociedad actual no pueden ser gestionados por un régimen anacrónico y sobre todo podrido.



Si tomamos como punto de referencia las democracias de nuestro entono, sin duda, España es un país donde las piezas básicas de su esencia, daría la impresión de que no acaban de encajar, formando una unidad cohesionada.
Claramente va en aumento el enfrentamiento entre los partidarios de la sensibilidad republicana y los más proclives a consolidar la doliente monarquía. La tregua dada por la aparente estabilidad de la Transición, está dando paso a un choque de ideologías que va en aumento. La cuestión de monarquía o república, no es baladí para un país con no pocas heridas sin cicatrizar.
La España del siglo XXI todavía no ha encajado en sus valores constitucionales, el laicismo imperante en Europa. Mientras la Reforma de Lutero y Calvino, España se alineó con el papado de Roma. El Estado aún mantiene un arraigo muy fuerte de confesionalidad católica, a pesar de su aparente aconfesionalidad constitucional.
Nuestra historia reciente nos muestra la consolidación de nuestro nacionalcatolicismo. El golpe de Estado del 18 de julio de 1936, se denominó Alzamiento Nacional, y a sus consecuencias, la Santa Cruzada de Liberación. El invicto general fue nombrado Caudillo de España por la Gracia de Dios. Este título se podía leer en las monedas de la época dictatorial. Efectivamente España se convirtió en un estado confesional, donde el Derecho Canónigo era ley civil. El jefe del Estado tenía potestad para proponer al Vaticano a través de una terna, el nombramiento de los obispos. Tres de ellos fueron procuradores en Cortes por nombramiento directo del dictador. Franco derribó la República por las armas con la complicidad de la Iglesia.
Una vez implantada la dictadura decretó que España seguía siendo un Reino. Implantando el Consejo del Reino y el Consejo de Regencia. Luego más tarde afloraron las intenciones de instaurar que no restaurar la monarquía, en la persona de un príncipe nieto de Alfonso XIII. Para comprender mejor los desencajes de la religión y la monarquía en España, es preciso recordar que el origen de la institución monárquica es divino. El poder viene de Dios y se deposita en el Príncipe. Las monarquías europeas fueron despojando al Rey de su poder absoluto y surgieron los parlamentos donde el pueblo era soberano.
La instauración de la monarquía en España tiene varios vicios o perversiones contraídos históricamente. Anacronismo y escasa legitimidad. Que agravan el desencaje de los valores democráticos. A través del maridaje Iglesia-Estado y la alianza trono-altar, el origen divino de la autoridad del rey y la religión, alejan la posibilidad de mantener un país laico. La asignatura de Religión desencaja dentro del  currículum escolar. Renunciando a la posibilidad de disponer de una Educación Pública, sin contaminación entre la fe y la razón.
En España se llevan a cabo secuencias y disposiciones que hacen pensar que la religión, lejos de ser una opción privada, está asumida por la política como tradición secular. Sirviendo de pretexto para no abandonar el nacionalcatolicismo. Se observa con naturalidad que el Ministro del Interior, condecore a imágenes de la Virgen, por sus méritos policiales.  Que La Legión asista a los desfiles procesionales como parte de espectáculo religioso. Aunque el disparate llega al delirium tremens, cuando se decreta izar las banderas a media asta, en los edificios público en señal de duelo por la muerte de Dios.
Otros aspectos que distorsionan el encaje dentro de la Carta Magna, son el concepto nación, la bandera nacional y el himno nacional. Estos valores invocan que ESPAÑA ES UNA GRANDE Y LIBRE. El desencaje que anunciamos en el encabezado, se produce porque una parte de los españoles no se sienten pertenecientes a la única e indisoluble  nación. Tampoco se sienten cómodos cobijados por la bandera constitucional. Y el himno nacional no les hace vibrar como patriotas.
Esta situación no es coyuntural es una realidad donde una nación de naciones, cuestiona los pilares de nuestra democracia. Estos aspectos están claramente desencajados en las bases del encuadre forzado por la Constitución Española de 1978.


Ampliación del Congreso de los Diputados

Fotos: Pedro Taracena Gil


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