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lunes, 9 de mayo de 2016

¿TENEMOS EL GOBIERNO QUE MERECEMOS?

Por Isidoro Gracia



Colección TRANSPARENCIA
Fotógrafo: Carlos Miguel Martínez
Fundador del grupo fotográfico LA COLMENA
Miembro de la Real Sociedad Fotográfica

Los pueblos tienen el gobierno que merecen y los españoles nos estamos ganado el próximo a pulso.

Discrepo profundamente en dos cuestiones que hoy están asumidas por una mayoría: Que toda la culpa de lo que pasa es de los políticos en general  y que la Democracia es cara.
Empieza el periodo electoral y medios de comunicación, comentaristas y tertulianos varios, incluso alguna fuerza  política, ocupan la práctica totalidad del tiempo de debate a temas tan  secundarios como la vestimenta o aficiones de los candidatos, olvidando lo básico: cuáles son los objetivos del proceso electoral democrático, a saber, valorar los hechos del gobierno saliente y la credibilidad de las ofertas de los que pretenden sustituirle, basándose también en los logros de las fuerzas y partidos que las hacen, entendámonos, no por lo que piden sino por lo que consiguen, allí donde han gobernado o gobiernan..






Creo que es de Vargas Llosa la frase: “Por regla general, los pueblos tienen los gobiernos que merecen tener, aunque luego se arrepientan."
Así pues si los electores vuelven a dar su confianza a quien ha incumplido las promesas realizadas para acceder al gobierno,  no podrán alegar engaño y responsabilizar a los dirigentes del partido triunfante, si es el mismo,  oportunidad para arrepentirse y actuar en consecuencia se la está dando este proceso electoral.
Un par de ejemplos aclararán las ideas. Si se prometió bajar los impuestos y al final del mandato han subido, en especial los más injustos, y se vuelve a votar porque se vuelve a prometer reducirlos, el ciudadano se hace corresponsable de la política fiscal que se realice en el nuevo mandato. O si se prometió empleo, como herramienta de reparto de la riqueza que el crecimiento obtenido aporta, y en el mandato anterior la masa salarial ha disminuido muy notoriamente, el ciudadano tiene que saber que es él el que autoriza con su voto, o su abstención, a que se continúe esquilmando a las clases medias y bajas a favor de unas minorías muy concretas y que no siempre habitan en España, crecer por crecer significa muy poco si no se añade para qué o para quién.





Abundando en el tema del arrepentimiento. Existe una opinión muy extendida, propiciada claramente por técnicas de manipulación mediática, de que todos los políticos son iguales, que una gran mayoría está en política para  enriquecerse. Pues no, los abundantes datos ya conocidos demuestran claramente que existe una evidente concentración de los casos de corrupción,  en un solo partido y en una minoría de “empresarios”. Si en esta ocasión el votante no se arrepiente, y además ejerce el propósito de enmienda, pasará de corresponsable a cómplice moral.
Dos son los argumentos iniciales de las nuevas fuerzas políticas y sus apoyos mediáticos, usados muy abundantemente en las redes sociales, uno, la culpa de que no se haya logrado un gobierno progresista es de “los otros”, y dos, eso de gastar hasta 130 o 140 MM de € en las elecciones del 26 J es un despilfarro.




Empecemos por el argumento del gasto, un primer dato: España es, entre los países desarrollados, el que menos gasta en sus instituciones parlamentarias y demás órganos de control (sí, incluyendo todas los parlamentos, defensores del pueblo, tribunales de cuentas, etc.) son datos fácilmente accesibles, también gasta menos que en la mayoría de países con muchos menos habitantes. Por otro lado parece difícil compaginar el discurso de una mayor participación de los ciudadanos, en la toma de decisiones y el control de sus políticos, con la restricción de los medios dedicados a ese fin, lo curioso es que buena parte de los votantes aplaudan con entusiasmo que les dificulten el acceso a la información, debate y decisión, que la esencia de la Democracia demanda, con campañas electorales lo más amplias y claras posibles (dentro de unos límites razonables), para la emisión de un voto informado y responsable.
Continuemos con la responsabilidad de los ciudadanos que hicieron posible el papel jugado por las “nuevas” fuerzas parlamentarias. Entrecomillo lo de nuevas, por que el proyecto de agrupación de muy distintas fuerzas sí que es nuevo, pero la inmensa mayoría de sus dirigentes goza de una amplia presencia (de lustros y décadas) en otros proyectos políticos, casi todos proyectos fracasados. Se puede entender que peticiones al sistema tan atractivas como ingresos individuales para todos y prestaciones ilimitadas, hayan sido motor de recogida de votos, es menos comprensible que, habida cuenta de que muchos de esos votantes pertenecen a grupos ilustrados, no hayan verificado los antecedentes que permitían valorar su viabilidad. Por ejemplo algún nuevo proyecto tiene ya una trayectoria de actuación en el Parlamento Europeo, es fácil comprobar sus coincidencias de voto en temas importantes. Por si no lo  han hecho anteriormente, les invito a verificar que el porcentaje más alto de coincidencia se corresponde con los antieuropeos en general y con la extrema derecha en particular. Con esos antecedentes y la suma de lo realizado, no lo pedido, sino lo conseguido para sus administrados, donde ya gobiernan (en ayuntamientos, algunos muy grandes) tendrán los ciudadanos que responsabilizarse de si ejercitan, o no, el propósito de enmienda. Ahora ya no será admisible el simple acto de fe.




Y terminemos con la responsabilidad, compartida por los posibles votantes, en especial por los abstencionistas, en una relación de fuerzas, en las Cortes Generales, que ha devenido en que el gobierno en funciones continúe haciendo lo que hace sin posibilidad de control. Cierto que los grupos parlamentarios y partidos tienen su responsabilidad, pero ¿Quiénes los eligieron son inocentes del todo?
A modo de conclusión: En las democracias formales los ciudadanos tienen, oportunidades para defender sus intereses colocando en los gobiernos a las fuerzas políticas que lleven en sus programas las propuestas que les sean más próximas, o rechazando aquellas que les hayan engañado o confundido,  pero si no aprovechan esas oportunidades se hacen responsables, o cómplices, de lo que les suceda. Volviendo a Vargas Llosa: "Los pueblos a veces se equivocan, y a menudo la pagan caro”. 



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