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viernes, 30 de marzo de 2012

LA HUELGA DEL 29 M. OTRA PERSPECTIVA




Por Isidoro Gracia Plaza
Exdiputado

En La Rebelión de las Masas sostenía Ortega y Gasset que el hombre masa solo se esfuerza ante una necesidad extrema y que es ingrato e insolidario por su propia naturaleza. También constataba en sus artículos que todos los gobiernos eran dependientes en grado sumo de sus opiniones públicas, incluso los autoritarios, aunque mucho más los democráticos. El devenir histórico europeo vino a darle la razón de forma dramática pocos años después, y ha seguido dándosela en los últimos tiempos.
Por ello conviene recordar, que pese a los muchos y poco loables esfuerzos de todos los gobiernos europeos, por presentar una discutible realidad que, según ellos, hace inevitables las medidas de expolio y explotación de sus ciudadanos, y la práctica sin límites, por los portavoces y medios de comunicación afines a los especuladores, de convertir, por el método de la repetición, en verdad aceptada, mentiras y falsedades respecto a los Sindicatos, en todos los países han sido víctimas, hasta ahora, estas organizaciones que han canalizado de forma mayoritaria el descontento ciudadano.
El discurso del actual gobierno español, de rendición a las circunstancias y a la herencia recibida, en buena parte inventada, a pesar del desparpajo y el nivel de desvergüenza utilizado en defensa de sus argumentos, está llevando de forma acelerada a la ciudadanía a un estado de ánimo de miedo al presente y  temor al futuro, cada vez más difíciles de canalizar por procedimientos “civilizados”. Es por ello que se explica la masiva, y en general pacífica, participación sobre todo en las manifestaciones del 29 de marzo de 2012.
Así que harían bien las autoridades españolas, y el resto de las europeas, primero, en agradecer a los sindicatos sus muy moderadas reacciones y, segundo, en hacer más caso a las opiniones por ellos canalizadas de los que aún son ciudadanos conscientes, antes de que esos ciudadanos se conviertan en masa incontrolable. Cuando al verse desposeídos de lo que consideraban derechos consolidados, salgan a la superficie la ingratitud e insolidaridad hacia las organizaciones que les ayudaron a conseguir el estado de bienestar, será difícil canalizar de forma pacífica y democrática, los esfuerzos que el hombre masa, en muchos casos verdaderamente en situación de necesidad extrema, estará dispuesto a realizar. En especial si los solo aparentemente viejos y solo aparentemente fantasmas, de los nacionalismos y demás “ismos” radicales son los que toman las cabeceras de los movimientos sociales.
Marzo de 2012


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